12 marzo 2008

Ainielle

Cuando lleguen al alto de Sobrepuerto, estará, seguramente, comenzando a anochecer. Sombras espesas avanzarán como olas por las montañas y el sol, turbio y deshecho, lleno de sangre, se arrastrará ante ellas agarrándose ya sin fuerzas a las aliagas...

A lo lejos, frente a ellos, en la ladera opuesta de la montaña, los tejados y los árboles de Ainielle, ahogados entre peñas y bancales, comenzarán ya entonces a fundirse con las primeras sombras de una noche que, aquí, contra el poniente, llega siempre mucho antes. Visto desde la loma, Ainielle se cuelga sobre el barranco, como un alud de losas y pizarras torturadas, y sólo en las casas más bajas —aquellas que rodaron atraídas por la humedad y el vértigo del río— el sol alcanzará a arrancar aún algún último destello al cristal y a las pizarras. Fuera de eso, el silencio y la quietud serán totales. Ni un ruido, ni una señal de humo, ni una presencia o sombra de presençia por las calles. Ni siquiera el temblor indefinido de un visillo o de una sábana colgada en el frontal de alguna de cualquiera de sus múltiples ventanas. Ningún signo de vida podrán adivinar en la distancia. Y, sin embargo, los que contemplen el pueblo desde las altas campas de Sobrepuerto sabrán que, aquí, entre tanta quietud, entre tanto silencio y tantas sombras, yo les habré ya visto y estaré esperándoles.

Lentamente, sin que apenas pudiera darme cuenta, la herrumbre comenzó su avance indestructible. Poco a poco, las calles se llenaron de zarzas y de ortigas, las fuentes desbordaron sus cauces primitivos, las bordas sucumbieron bajo el peso del silencio y de la nieve y las primeras grietas empezaron a asomar en las paredes y en los techos de las casas más antiguas. Yo nada podía hacer por evitarlo. Sin la ayuda de Julio y de Gavín —y, sobre todo, sin el rescoldo de esperanza que, entonces, todavía mantenía—, yo estaba ya a merced de lo que el óxido y la hiedra quisieran depararme. Y, así, en apenas unos años, Ainielle fue quedando convertido en el terrible y desolado cementerio que ahora, todavía, puedo ver a través de la ventana.

Desde entonces a hoy, la muerte ha ido avanzando tenaz y lentamente por los cimientos y las vigas interiores de la casa. Sin vértigo. Sin prisa. Sin compasión ninguna. En sólo cuatro años, la hiedra ha sepultado el horno y la panera y la carcoma ha corroído por completo las vigas del portal y el cobertizo. En sólo cuatro años, la hiedra y la carcoma han destruido el trabajo de toda una familia y todo un siglo. Y ahora las dos avanzan juntas, por las maderas ya podridas del viejo corredor y del tejado, en busca de esas últimas sustancias que aún sostienen el peso y la memoria de la casa. Esas sustancias viejas, cansadas, amarillas —como la lluvia en el molino aquella noche, como mi corazón ahora y mi memoria—, que, un día, tal vez muy pronto ya, se pudrirán también del todo y se desmoronarán, al fin, en medio de la nieve, quizá conmigo dentro todavía de la casa.

El tejado y la luna. La ventana y el viento. ¿Qué quedará de todo ello cuando yo me haya muerto? Y, si yo ya estoy muerto, cuando los hombres de Berbusa al fin me encuentren y me cierren los ojos para siempre, ¿en qué mirada seguirán viviendo?

Como arena, el silencio sepultará las casas. Como arena, las casas se desmoronarán. Oigo ya sus lamentos. Solitarios. Sombríos. Ahogados por el viento y la vegetación.

Caerán poco a poco, sin ningún orden cierto, sin ninguna esperanza, arrastrando en su caída a todas las demás. Unas, irán hundiéndose despacio, muy despacio, bajo el peso del musgo y de la soledad. Otras, caerán de bruces en el suelo de repente, violenta y torpemente, como animales abatidos por las balas de un paciente e inexorable cazador. Pero todas, más tarde o más temprano, más tiempo o menos tiempo resistiendo inútilmente, acabarán un día devolviéndole a la tierra lo que siempre fue suyo, lo que siempre ha esperado desde que el primer hombre de AinieIle se lo arrebató..

[Ainielle] En el año 1970, quedó completamente abandonado, pero sus casas aún resisten, pudriendose en el silencio, en medio del olvido y de la nieve, en las montañas del Pirineo de Huesca que llaman Sobrepuerto.

Todos los textos son del libro la lluvia Amarilla de Julio Llamazares.


6 comentarios:

Caelio dijo...

No puedes imaginar lo feliz que me ha hecho este post. Te robo las fotos para una futura entrada sobre el Altoaragón que estoy preparando (no hace falta decir que te relacionaré).

Yo subí a mi hijo mayor con tres añitos a Escartín y allí pasamos la noche rodeado de ese halo misterioso y aventurero que te ofrece un pueblo abandonado. Conozco buena parte del Sobrepuerto por arriba y por abajo. Ainelle lo tengo pendiente y seguro que iré para saciar mi curiosidad y plantarme delante de su iglesia ¿de porte románico?.

El monólogo de Julio Llamazares ya se ha llevado al teatro y se ha representado en Burgos, pero resulta ser un poco tostón aparte que eramos muy poquitos los que lo vimos. Me quedo con el texto de Llamazares.

Me he leido unas cuantas veces el libro y no deja de ser un libro angustiante y desesperanzado, pero reporta una humanidad extraña y llena de contenidos. Tanto sobrecogió esta zona al escritor de origen leonés que escribió la lluvia amarilla como si fuera un habitante de esas montañas.

Saludos desde la esteparia meseta.

Caelio

Angel dijo...

Ni que decir tiene que puedes usar las fotos como sui fueran tuyas. Solo te pido que me pases el enlace a tu artículo cuando lo tengas.

Y te aconsejo que te escapes a Ainielle y veras lo que es la soledad…

Esther dijo...

Preciosas imágenes de Ainielle y muy acertados los textos seleccionados. Estamos preparando el encuentro literario con Julio Llamazares. Si aprovechamos estas imágenes en la ambientación te lo comunicaré.
Un saludo.

Esther dijo...

El miércoles viene Llamazares al IES Mar de Aragón. He colgado en el blog Más que palabras una presentación que se exhibirá por el vestíbulo del centro. En ella aparecen varias imágenes tomadas de aquí. Gracias por compartirlas.
http://blogmasquepalabras.blogspot.com/2010/04/julio-llamazares-muy-cerca.html

Un saludo.

Esther dijo...

Te paso el enlace al blog Sapere aude! donde doy cuenta de la visita del escritor al centro. La ambientación del vestíbulo debe mucho a las imágenes que tomaste de Ainielle.
Gracias de nuevo. Un saludo.
http://sapereaude3.blogspot.com/2010/04/julio-llamazares-leccion-magistral-de.html

Mentes dijo...

Hola, en Yeste (Albacete), tenemos un grupo de música , un grupo de amigos, en esta zona de España, también sufrimos seriamente el problema de la despoblación del mundo rural, compusimos un tema que titulamos "Ainielle" y habla sobre ello, si lo quereis oir, pinchad aquí: www.mentesdespejadas.es ; por cierto, este verano voy con mi familia a acampar un par de dias en Ainielle, dejaremos un par de discos allí, para que alguien se los haga llegar a algún ex-habitante de Ainielle, si alguien conoce el paradero de estos, por favor, que nos lo haga saber, a través de la web indicada, nos gustaría hacerles llegar un disco. Un saludico:
Sebi.